un domingo en Jauja y una reflexión sobre el tiempo
vivir sin prisas, saboreando el silencio
Hoy visité Jauja. Una ciudad en medio de la sierra de Perú, uno de esos lugares donde pareciera que el tiempo se hubiera detenido.
Jauja es una ciudad grande, con amplias zonas de agricultura y todo el movimiento concentrado en unas pocas cuadras: ferias, tiendas, cafeterías, iglesias, la plaza de armas... como si la prisa simplemente no existiera aquí. Y aunque por ser domingo había mucha más gente paseando, la ciudad se sentía vacía, tranquila, como si el apuro de las ciudades grandes hubiera pasado por alto.
Como si el tiempo se hubiera detenido…
Eran la una de la tarde, estaba caminando con mi familia por el medio de la pista —fue mi main character moment— y cada tanto pasaba una moto. A lo lejos, la capilla de ‘Cristo pobre’ nos daba la bienvenida con su estilo gótico, coronada por nubes grises.
¿Hace cuánto no tenía una experiencia así? tan contraria de la rapidez del día a día, de las cosas que hacer y los lugares a donde ir, de las personas que ser y las metas que cumplir.
Solo caminamos. Solo existimos. Comimos dulces jaujinos como si no hubiera un mañana. Recordamos anécdotas de la infancia. Disfrutamos de que no llegue la señal, de usar dinero en efectivo, de descansar de tantos estímulos y dejamos que el viento nos indique cuándo era hora de irnos.
Caminar por aquellas calles silenciosas se sintió como un respiro, un momento de presencia, un instante donde al mirar a la gente no reconocía tendencias, no había un café viral que probar, no había una notificación que atender.
Y ahí, en medio del silencio, en ese momento de contemplación, pude ver frente a mis ojos algo que llevaba un tiempo buscando: QUIETUD.
Sending love and brillitos,
Ade.




Me identifiqué mucho con esa sensación de alivio al encontrar quietud, sueño con que esa sea nuestra normalidad. Gracias por ponerlo en palabras ♥
compartimos sueño Florencia 💗 por un mundo con más quietud y presencia 🫶🏼